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Domingo 23 de Mayo de 2004

Historias y Anécdotas

Historia de los Juegos Olímpicos






Los Juegos Ol√≠mpicos han sido desde la antig√ľedad el acontecimiento m√°s importante en el mundo. Emerger publica la historia completa de los deportes acu√°ticos en cada evento.
Con todas las fotos, con h√©roes y villanos con las luces y las sombras de cada Juego pero por sobretodo acompa√Īando y apoyando el verdadero esp√≠ritu ol√≠mpico que hace que este acontecimiento se convierta por encima de todo en el m√°s grande y √ļnico de la historia del deporte.

Su inicio: Los Juegos Helénicos

Los Juegos Ol√≠mpicos fueron una de las expresiones m√°s caracter√≠sticas de los sistemas educativos de la Antigua Grecia. La educaci√≥n, en efecto, es el principio mediante el cual toda comunidad humana conserva y transmite su peculiaridad f√≠sica y espiritual. Pero la naturaleza corporal del ser y sus cualidades intelectuales, siempre perfectibles, pueden cambiar por efecto de un cultivo consciente y constante, elevando esas capacidades a un rango superior. En la medida que consigue progresivamente el descubrimiento de si mismo, el hombre crea, seg√ļn su mayor conocimiento del mundo exterior e interior, formas mejores de la existencia. El pueblo griego no lleg√≥ al descubrimiento del yo subjetivo, sino al de las leyes generales que determinan la esencia humana. Su principio espiritual no fue el individualismo, sino el humanismo, de tal suerte que las finalidades de la educaci√≥n no estaban referidas al individuo como yo aut√≥nomo, sino al hombre como idea. El ser, considerado en su generalidad m√°s alta, constituye la imagen del hombre gen√©rico en su validez universal y normativa. As√≠, los objetivos √ļltimos de la educaci√≥n en la Antigua Grecia consist√≠an en formar a los individuos de acuerdo con esa idea, o tipo ideal de hombre. A ello aspiraron los educadores, los poetas, los artistas y los fil√≥sofos.

No es posible comprender el ideal griego del hombre sin tener presente las estatuas de los vencedores ol√≠mpicos. Estas obras representan la encarnaci√≥n corporal de la dignidad y la nobleza del alma y el cuerpo humanos. Vali√©ndose sobre todo de la escultura y la poes√≠a l√≠rica se presentaba al pueblo un tipo ideal, √≠ntimamente coherente y claramente determinado, pues la educaci√≥n no es posible sin que se ofrezca al esp√≠ritu una imagen del hombre tal como debe ser. Una imagen bella, normativa de las cualidades de orden superior; con el atributo de nobleza, que vale por se√Īor√≠o y distinci√≥n siempre asociado a la fuerza y a la destreza; y penetrada del sentimiento del deber frente al ideal y del concepto de la lucha y la victoria como prueba de la virtud; esto es, de grandeza en la concepci√≥n y en el comportamiento total de la vida.

El humanismo de los griegos (el ser del hombre), al igual que la educaci√≥n en la que se expresaba, se conceb√≠a profundamente vinculado a su naturaleza de ser pol√≠tico, a su inscripci√≥n dentro de la vida de la comunidad, a cuyo beneficio destinaba sus mayores empe√Īos. Por muy personal que la obra de cada quien pudiera considerarse, siempre se la entend√≠a como una funci√≥n social. En esta atm√≥sfera de √≠ntima libertad, que se sent√≠a referida, por conocimiento y convicci√≥n esenciales, al servicio de la totalidad, el genio de los griegos consigui√≥ llegar a la plenitud educativa, una de cuyas m√°s altas manifestaciones fueron los Juegos Ol√≠mpicos. Por ello en los Himnos Triunfales de P√≠ndaro se exalta, tanto o m√°s que al vencedor, a la ciudad de donde proced√≠a.

Los festivales de la Antigua Grecia (atl√©ticos, musicales, dram√°ticos) eran organizados por ciudades aisladas, como Atenas, en cuyo caso se llamaban las Grandes Panateneas; por grupos de ciudades que reconoc√≠an un origen com√ļn (Anfiction√≠as); o por la totalidad de los griegos, que as√≠ afirmaban su conciencia nacional. Eran estas √ļltimas las Ol√≠mpicas, Las P√≠ticas, las Nemeas y las Istmicas, de las cuales las dos primeras ocurr√≠an cada cuatro a√Īos y cada dos las segundas. Las m√°s antiguas fueron las Ol√≠mpicas, cuya referencia hist√≥rica remota data de 776 a√Īos antes de Cristo, a√Īo en que se inicia, con este motivo, la Era Griega.

Los Juegos Olímpicos (nacionales y atléticos) eran organizados por la ciudad de Elis, cuyo privilegio alguna vez le fue disputado por Pisa; y su escenario, el recinto sagrado de Zeus, llamado Altis, en el valle de Olimpia, al suroeste de la península, en la confluencia de los ríos Cladeo y Alfeo, el sitio más encantador de la Hélade dominado por el Monte Kronius. Más tarde de Altis estuvo rodeado por una muralla en cuyo recinto estaban el templo mayor de Zeus y la estatua sedente del dios, labrada en oro por Fidias.

Durante el mes de las fiestas se proclamaba una tregua en toda Grecia para permitir a los competidores y peregrinos hacer el viaje de ida y vuelta con seguridad plena. Aparte del inter√©s atl√©tico, el festival ten√≠a el aspecto de una feria que permit√≠a a un autor leer en p√ļblico sus obras, como a Herodoto, o disertar ante grandes auditorios sobre temas de inter√©s general, como en el caso de los panegiristas Lysias e Is√≥crates..

El programa de los Juegos propiamente dichos, que en un principio se limitaba a un día, se extendió después a cinco en 468 a. de C. El acto inicial era el "stadion", o carrera corta de 192.27 mts. Seguían el "diaulos" o "diáulica", que equivalía a 384.54 mts; y el "dólichos" o "dólica", carrera larga de 4.614,48 mts. El "pentathón" comprendía el salto, el lanzamiento de la jabalina y el disco, la carrera y la lucha. En el boxeo, o "pugmeé", los guantes no eran sino tiras de cuero y el combate se prolongaba hasta que uno de los contendientes admitía su derrota. Lo mismo ocurría en el "pancratium", especie de lucha libre muy ruda. Rasgo muy importante de los Juegos eran las carreras de caballos y carros de varias clases tirados por aquellos.

Al final de la disputa, el nombre de cada vencedor y el de su ciudad natal eran proclamados por un heraldo. El triunfador era coronado con una guirnalda de olivo silvestre, laurel o pino; pero cuando volvía a su tierra se le recibía con un himno triunfal interpretado con declamaciones, cantos corales y baile, expresamente compuesto para la ocasión. Las más famosas odas victoriales fueron obra de Píndaro. Así, los Juegos Olímpicos constituían una de las expresiones más depuradas y espectaculares de la educación griega, en la medida que eran una referencia al ideal humano de perfección, y una ocasión para exaltar las virtudes sociales.

El restablecimiento de los Juegos y Pierre de Fredi, Barón de Coubertín

El olimpismo es una doctrina que concibe el deporte tanto como un medio de superación educativa cuanto como un estímulo a los ideales universales de fraternidad y paz. Este movimiento se propone, en el orden didáctico, formar el carácter de los jóvenes mediante la practica del deporte, suscitando en ellos el sentido de la disciplina, el dominio de sí mismo, el espíritu de equipo y la disposición a competir; y, en el campo de la convivencia, o en el de la relación con los demás, reunir a las juventudes de todo el mundo en un gran festival que ayude a crear, por encima de las fronteras, vínculos de confianza y amistad entre todos los pueblos.

El olimpismo fue concebido por Pierre de Fredi, Barón de Coubertin. Nacido en París, en 1863, estudió originalmente la carrera de las armas, pero muy joven renunció a ella cuando tuvo conciencia de los estragos que había causado la guerra franco-prusiana. A partir de 1887, después de un largo período de viajes, observaciones y gran agitación intelectual, provocada por sus reflexiones sobre la situación y las inquietudes de la juventud, decidió dedicar su mayor actividad a conseguir dos nobles objetivos: la reforma de la pedagogía, pues sin ella ninguna transformación política, económica o social sería fecunda, y el restablecimiento de los Juegos Olímpicos bajo el signo del helenismo.

De hecho, ambos prop√≥sitos expresaban el mismo ideal: formar hombres completos, en quienes la fuerza y la agilidad de los m√ļsculos sirviese de apoyo a la nobleza del esp√≠ritu. Coubert√≠n pensaba (y en ello radicaba su condici√≥n de excepcional visionario) que el culto al esfuerzo, el desperdicio al peligro, el amor a la patria, la generosidad caballeresca y el ejercicio constante de las artes y las letras pueden conducir, como en la Antigua Grecia, a la glorificaci√≥n de una juventud valerosa. Tales son las bases del olimpismo, que aspira a un ideal de vida superior y que se funda en una permanente actitud de perfeccionamiento.

Hacia 1890 era una creencia generalizada en Europa que "la degeneraci√≥n f√≠sica es un resultado inevitable del estudio", seg√ļn frase de Spencer, de donde el indolente romanticismo de la √©poca concluy√≥ f√°cilmente en la absoluta inutilidad del esfuerzo f√≠sico. Coubert√≠n se pronunci√≥ contra esa tesis y postul√≥, en cambio, como f√≥rmula para descansar y avivar el esp√≠ritu, la pr√°ctica del deporte, que forma el cuerpo y forja la voluntad. De ah√≠ sigui√≥ la proposici√≥n, hecha por √©l con gran vehemencia, de introducir la gimnasia en los programas educativos, crear campos de juegos en las escuelas y en las ciudades, construir sociedades deportivas y extender la educaci√≥n f√≠sica, ya establecida en algunos colegios de Inglaterra, a los dem√°s pa√≠ses del mundo.

Las ideas de Coubert√≠n despertaron agrias pol√©micas. Algunos las calificaron de vulgares o de extremistas, porque a ellas iba asociada la instrucci√≥n popular, muy especialmente la dedicada a los obreros; pero otros hicieron suyo el mensaje renovador, sobre todo el padre Did√≥n, gracias a cuyo esfuerzo se instituy√≥ entonces el deporte en los colegios cat√≥licos de Francia. Este sabio educador defini√≥ la filosof√≠a deportiva en las tres palabras que hizo grabar en la bandera del club escolar de Arcueil: citius, altius, fortius (m√°s ligero, m√°s alto, m√°s fuerte) y que algunos a√Īos despu√©s el propio Coubert√≠n convertir√≠a en el lema de los Juegos Ol√≠mpicos.

Antes de celebrarse, en 1891, la asamblea general de la Uni√≥n Deportiva Francesa, que Pierre de Coubert√≠n presid√≠a, el Ministro de Instrucci√≥n P√ļblica envi√≥ a circular a todos los Liceos y colegios se√Īalando la obligaci√≥n de atender la educaci√≥n f√≠sica en la misma forma que la educaci√≥n moral e intelectual. Parec√≠a que la opini√≥n p√ļblica y gubernamental estar√≠an ya dispuestas a recibir con inter√©s y entusiasmo la proposici√≥n de restablecer los Juegos Ol√≠mpicos. En noviembre de 1892, Coubert√≠n present√≥ el proyecto en una sesi√≥n solemne en la Sorbona. Dijo entonces, despu√©s de hablar del car√°cter indispensablemente democr√°tico e internacional del deporte:

"Hay personas que califican de utopistas, o acusan de irrazonables, a los que hablan de la desaparici√≥n de la guerra; sin embargo, hay quienes creen en la disminuci√≥n progresiva de las posibilidades de guerra, en lo cual yo no veo utop√≠a alguna. Es evidente que el tel√©grafo, los ferrocarriles, el tel√©fono, la apasionada investigaci√≥n cient√≠fica, los congresos y las exposiciones hacen m√°s por la paz que todos los tratados diplom√°ticos. Yo espero que el deporte har√° a√ļn m s... La exportaci√≥n de remeros, corredores, esgrimistas: he ah√≠ el libre intercambio del futuro. El d√≠a en que este intercambio se produzca en las costumbres de la vieja Europa, la causa de la paz habr√° recibido un nuevo y poderoso apoyo."

A pesar de que el restablecimiento de los Juegos Ol√≠mpicos significaba un ben√©fico empe√Īo, que consagraba ideales pedag√≥gicos y pacifistas de tanta trascendencia, la proposici√≥n de Coubert√≠n no fue comprendida en el primer momento. Fue hasta 1894, durante el Congreso Universitario y Deportivo convocado por √©l y reunido en la Sorbona del 16 al 24 de junio, cuando 79 delegados de catorce pa√≠ses acordaron por unanimidad crear el Comit√© Ol√≠mpico Internacional y restablecer los Juegos, conservando su esp√≠ritu antiguo, aunque adapt√°ndolos a la vida moderna. Se convino celebrar los primeros Juegos en Atenas en 1896. El 6 de abril de ese a√Īo las 50.000 personas que asistieron a la inauguraci√≥n de los Juegos de la I Olimpiada oyeron decir a Pierre de Coubert√≠n: "El prop√≥sito de los Juegos no es romper marcas, sino dar a la juventud del mundo una oportunidad para reunirse y conocerse."

El Bar√≥n de Coubert√≠n, Pierre de Fredi, muri√≥ a los 74 a√Īos, el 2 de setiembre de 1937, meses despu√©s de celebrarse la XI Olimpiada en Berl√≠n.







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