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Domingo 10 de Agosto de 2003

Nutrición y Salud

Consideraciones Nutricionales en Mujeres Deportistas






I. INTRODUCCI√ďN

Gracias a nuevas legislaciones, millones de mujeres toman parte regularmente en deportes competitivos y recreacionales, en la actualidad. Estos cambios han sido acompa√Īados por un gran inter√©s en las especiales necesidades de la mujer deportista. Mientras los atletas, tanto hombres como mujeres, deber√≠an observar los mismos principios nutricionales b√°sicos, hay circunstancias dietarias particulares que se presentan con frecuencia en la mujer activa, tales como bajos consumos energ√©ticos, des√≥rdenes alimentarios, deficiencia de hierro, amenorrea y s√≠ndrome premenstrual. Este cap√≠tulo proveer√° una revisi√≥n nutricional de estos t√≥picos.

II. REQUERIMIENTOS ENERG√ČTICOS

El requerimiento energ√©tico de un atleta depende de varios factores, incluidos edad, sexo, composici√≥n corporal, tipo de deporte, y la intensidad y duraci√≥n del deporte. Idealmente, la energ√≠a deber√≠a balancearse con la energ√≠a gastada. Si la ingesta est√° considerablemente por encima o por debajo del requerimiento del atleta, puede generarse una ganancia o p√©rdida de peso. Un disbalance energ√©tico puede tener un impacto negativo sobre la salud y el rendimiento. Los resultados de varios estudios que miden la ingesta cal√≥rica en atletas femeninas se muestran en la Tabla 1. Es dif√≠cil hacer comparaciones, considerando las diferencias en los protocolos de investigaci√≥n, tama√Īos de la muestra, composici√≥n corporal, nivel de competici√≥n y la forma en que los datos son reportados. Adem√°s, la ingesta cal√≥rica de los atletas var√≠a seg√ļn en nivel de entrenamiento, intensidad del esfuerzo, y pr√°cticas de control de peso. Informes de Gong y cols. (1) y de Tarasuk y Beaton (2), reportaron un m√°s alto consumo de energ√≠a durante la fase l√ļtea que durante la fase folicular, sugiriendo que los estudios que miden la ingesta alimentaria en mujeres deber√≠an considerar las diferentes etapas del ciclo menstrual. Considerando estas limitaciones, los estudios aqu√≠ citados deber√≠an ser tomados con cautela. Como puede verse, existe un vasto rango de ingestas cal√≥ricas entre los diferentes grupos de deportes (Tabla 1). Las triatletas femeninas estudiadas por Green y cols. ten√≠an la mayor ingesta cal√≥rica media absoluta (4149 kcal/d√≠a). Nadadores examinadas por Berning y cols., y ciclistas supervisadas por Grandjean (5), tambi√©n reportaron altas ingestas cal√≥ricas: 3572 y 3029 kcal/d√≠a, respectivamente. Las m√°s bajas ingestas (1552 kcal/d√≠a) (6) se registraron en corredoras de distancia (1603 kcal/d√≠a) (7), y bailarinas (1358 kcal/d√≠a) (8). Adem√°s, hay un amplio rango de ingestas cal√≥ricas dentro de los diferentes grupos de deportes. Por ejemplo, las corredoras femeninas tienen promedios de 1603 kcal/d√≠a (27.5 kcal./kg. de peso corporal) a 2489 kcal/d√≠a (48,3 kcal/kg. de peso corporal). Estas diferencias pueden explicarse en parte por las capacidades de entrenamiento. Las corredoras estudiadas por Nieman y cols., y Pate y cols., no estaban altamente entrenadas. La media de ingesta cal√≥rica de ciclistas femeninas de √©lite (3029 kcal/d√≠a) estudiadas por Grandjean (5), fueron adem√°s mayores que la reportada por Keinth y cols. (1781 kcal/d√≠a). Los m√©todos usados para medir la ingesta diet√©tica podr√≠an subestimar los valores energ√©ticos actuales (11). De cualquier modo, los ingresos cal√≥ricos registrados en gimnastas femeninas y bailarinas son consistentemente bajos, especialmente cuando los consideramos como la ingesta diaria total. En estos deportes, la composici√≥n corporal es importante, y muchas atletas j√≥venes sufren constante presi√≥n para perder peso. Cuando decrece la ingesta total de calor√≠as, tambi√©n lo hace la ingesta de nutrientes, particularmente calcio e hierro (12). La baja ingesta cal√≥rica tambi√©n expone a la mujer a un mayor riesgo de otros problemas, especialmente amenorrea, disminuci√≥n de la densidad √≥sea y des√≥rdenes alimentarios. La severa restricci√≥n en la ingesta cal√≥rica puede acarrear falta en el crecimiento, perturbar la maduraci√≥n, o generar deplecci√≥n de gluc√≥geno y fatiga (13, 14). Hay discrepancias reportadas entre el consumo y el gasto energ√©tico en deportistas femeninas. Deuster y cols. hallaron una ingesta diaria media de 2397 kcal., en 51 corredoras altamente entrenadas, cuyo gasto energ√©tico era estimado en 2600 kcal/d√≠a. De manera similar, el consumo cal√≥rico de bailarinas Suecas fue de 1989 kcal/d√≠a (34 kcal/peso corporal), mientras que los requerimientos energ√©ticos fueron estimados en 2457 kcal/d√≠a (42 kcal/kg de peso corporal) (11). Algunos investigadores (11, 16), han planteado el interrogante de porqu√© algunos atetas no est√°n perdiendo peso, constantemente, si la cantidad de calor√≠as ingeridas reportadas reflejan, realmente, los h√°bitos nutricionales d√≠a a d√≠a. Una explicaci√≥n puede ser la disminuci√≥n en la tasa metab√≥lica basal (TMB), que seg√ļn reportes, ocurre en repuesta a la restricci√≥n en la ingesta cal√≥rica (17). Otros posibles factores incluyen: 1) errores en los m√©todos disponibles para calcular las calor√≠as gastadas y/o consumidas (11); 2) sujetos que reportan una ingesta menor de calor√≠as de las que realmente consum√≠an (18, 19); y 3) una alta incidencia en el no reporte de grandes cantidades de calor√≠as (8). Tambi√©n es posible una falta de exactitud en los programas computados de datos. En el caso de mujeres altamente entrenadas, la eficiencia energ√©tica puede tambi√©n ser un factor (20, 21).

III. DES√ďRDENES ALIMENTARIOS

En numerosos deportes competitivos se impone la restricci√≥n de peso y/o grasa corporal. Las gimnastas femeninas, bailarinas y corredoras mantienen t√≠picamente, un cuerpo muy delgado por est√©tica y/o razones atl√©ticas. Mientras que √©stas √ļltimas por s√≠ solas no son causa de des√≥rdenes alimentarios, un simple episodio o comentarios del entrenador, preparador f√≠sico, o compa√Īera, puede llegar a causar un problema. Una opini√≥n inoportuna puede arraigarse profundamente en la mente de una anor√©xica o bul√≠mica potencial. Rosen y Hough (22) hallaron que el 75% de las gimnastas a quienes sus entrenadores les dijeron que estaban excedidas de peso, recurrieron a m√©todos peligrosos para perderlo. En otro estudio, Zucker y cols. llegaron a la conclusi√≥n de que una o dos sugerencias acerca de la necesidad de reducir la grasa corporal puede conducir a conductas alimentarias que podr√≠an afectar verazmente, la salud y el rendimiento de la atleta. En un cuestionario realizado a 182 atletas universitarias (24), el 32% report√≥ practicar, al menos, una conducta patog√©nica de control de peso, las cuales inclu√≠an inducci√≥n al v√≥mito, abuso de laxantes, comer en exceso una vez por semana, uso de pastillas para adelgazar y/o diur√©ticos. Borgen y Corben (25) analizaron las respuestas de un cuestionario completado por 101 no atletas, 35 atletas que pertenec√≠an a deportes que ponen √©nfasis en la magreza, y 32 atletas cuyos deportes no lo hacen necesario. Hallaron que el 6% de las no atletas, el 20% de las atletas cuyos deportes pon√≠an √©nfasis en la magreza, y el 10% de todas las atletas, estaban tanto exageradamente preocupadas con el peso, o ten√≠an tendencia hacia los des√≥rdenes alimentarios.


Tabla 1. Resumen de ingestas calóricas en mujeres deportistas

M√©todos extremos de control de peso amenazan la salud y pueden, en personas susceptibles, inducir anorexia y bulimia nerviosa. La anorexia nerviosa es la inanici√≥n o ayuno auto impuesto en un obsesivo esfuerzo por perder peso. Ocurre m√°s frecuentemente en adolescentes y mujeres j√≥venes, quienes tienen un intenso temor de estar gordas. La bulimia nerviosa se define como episodios recurrentes de comer descontroladamente, seguidos generalmente de purga. Vomitar, abuso de laxantes, ejercicios intensos, son los m√©todos usados com√ļnmente en un esfuerzo por mitigar la culpa y perder el peso ganado. Se estima que la anorexia nerviosa se presenta, tan frecuentemente, como en una de cada 100 personas en una poblaci√≥n vulnerable, como ser en colegios secundarios femeninos o estudiantes universitarias. La bulimia nerviosa, ahora el desorden alimentario m√°s com√ļn, se piensa que ocurre en alrededor del 4 al 5% de las estudiantes del 1er a√Īo universitario (28). Las estimaciones de la prevalencia de los des√≥rdenes alimentarios son muy variables, ya que dependen del criterio diagn√≥stico usado (29). Aunque estos des√≥rdenes son m√°s comunes en mujeres j√≥venes y adolescentes, de un 5 a un 10% de los casos ocurren en hombres y adolescentes varones (30). Los reportes sobre la prevalencia de los des√≥rdenes alimentarios en atletas femeninas var√≠an, dependiendo del tipo de deporte y del elemento de diagn√≥stico usado para medir estos des√≥rdenes. En estudios realizados en bailarinas de ballet, se report√≥ que el 6 al 33% corr√≠an riesgo de tener anorexia nerviosa (31, 33). Los datos reportados por Kurtzman y cols. (34) demostraron, por sobre todo, que los datos reportados por bailarinas ten√≠an una mayor prevalencia de s√≠ntomas de anorexia nerviosa (27 %), cuando se las compraba con otros grupos de estudiantes universitarias. De manera similar, Brooks-Gunn y cols. (35), concluyeron que las bailarinas de ballet mostraban m√°s restricciones cuando com√≠an, que los grupos de patinadoras o nadadoras. La amenorrea es uno de los dietarios diagn√≥sticos para la anorexia (Tabla 2). En las bailarinas de ballet ha sido demostrado una gran incidencia amenorrea y ciclos menstruales irregulares (8, 36). E 33% de las universitarias y bailarinas profesionales estudiadas por Berson y cols., experimentaron ciclos anormales o ausentes. En otro estudio, realizado en 89 j√≥venes bailarinas profesionales de Ballet, un 15% report√≥ amenorrea secundaria y un 30% report√≥ ciclos irregulares (38).


Tabla 2. Criterios diagnósticos para Anorexia y Bulimia Nerviosa.

Unos pocos estudios han intentado detectar la incidencia de problemas alimentarios en gimnastas, nadadoras y corredoras de distancia. En la gimnasia hay un constante afán por ser delgada y estéticamente atractivas (22, 39). Una serie de prácticas que se utilizan para controlar el peso, como ser píldoras para adelgazar, autoinducción del vómito, ayunos, etc., son usados por las gimnastas. Cuando se las comparó con nadadoras, sin embargo, las gimnastas estudiadas por Benson y cols., exhibieron menores tendencias a los desórdenes alimentarios: 11% vs. 1%.

Gimnastas de √©lite reportaron estar probablemente insatisfechas con su cuerpo, y menos pendientes de su peso, que las gimnastas de menor nivel (41). No obstante de acuerdo con Weight y Noakes (42), las corredoras de distancia de √©lite exhiben m√°s caracter√≠sticas f√≠sicas y psicol√≥gicas de anorexia nerviosa que las corredoras de distancia no-√©lite. La prevalencia de s√≠ntomas relacionados con los des√≥rdenes alimentarios puede ser mayor que la prevalencia de los des√≥rdenes alimentarios ‚Äúper se‚ÄĚ. Schotte y Stunkard (29) condujeron un estudio en 1965, en estudiantes universitarios y hallaron que, aunque comer descontroladamente, y el v√≥mito autoinducido era com√ļn entre las mujeres estudiantes, y cl√≠nicamente significa bulimia, como se lo describe en el Manual de Estad√≠stica sobre Diagn√≥sticos de Des√≥rdenes Mentales (DMS-III), en realidad ello no es as√≠. Aunque una atleta puede tener h√°bitos alimentarios anormales o amenorrea, estos s√≠ntomas, por s√≠ solos, no son suficientes para diagnosticar un desorden alimentario. Key indic√≥ que un desorden alimentario se presenta, cuando incluye labilidad emocional y retracci√≥n en las relaciones sociales (43). Mallick y cols., examinaron tres grupos de mujeres j√≥venes (deportistas y estudiantes, con des√≥rdenes alimentarios), para determinar patrones menstruales, diet√©ticos y de actividad f√≠sica, as√≠ como el nivel de su auto imagen. Los sujetos con des√≥rdenes alimentarios ten√≠an la m√°s pobre auto imagen y tono muy bajo a nivel emocional y de relaciones sociales, comparados con los otros grupos.

IV. DEFICIENCIA DE HIERRO

El hierro est√° presente en todas las c√©lulas y juega un rol fundamental en numerosas reacciones bioqu√≠micas. Desempe√Īa un rol vital en el transporte de ox√≠geno, s√≠ntesis de hemoglobina y mioglobina, y en la activaci√≥n de ox√≠geno, y est√° presente en un n√ļmero de enzimas responsables del transporte de electrones. De este modo, una deficiencia de hierro puede afectar muchas funciones metab√≥licas relacionadas con la producci√≥n de energ√≠a. Una de las dificultades en sacar conclusiones de la literatura sobre nivel de hierro en atletas, es la inconsistencia en la terminolog√≠a y la falta de una definici√≥n estandarizada de esos t√©rminos; por ejemplo, ‚Äúdeficiencia de hierro‚ÄĚ, ‚Äúdeplecci√≥n de hierro‚ÄĚ y ‚Äúdeficiencia prelatente de hierro‚ÄĚ. Secundariamente, hay falta de acuerdo sobre qu√© valores s√©ricos son ‚Äúnormales‚ÄĚ para atletas, o cu√°les tests o niveles definen la deficiencia de hierro en atletas. Adem√°s, el momento en el ciclo menstrual, el grado de p√©rdida de sangre por menstruaci√≥n, y un embarazo previo, pueden influenciar los niveles de hierro (44). Raramente, estos factores son considerados en los estudios realizados en mujeres deportistas.


Figura 1. Parámetros del nivel de hierro en relación a los depósitos de hierro corporal (miligramos). Los depósitos de hierro negativos (banda negra de la figura por debajo del nivel 0), indican la cantidad de hierro que debe ser reemplazada en los glóbulos rojos circulantes, antes que las reservas de hierro puedan reacumularse (Adaptado de Cook J.D., y Finch C.A., Am. Clin. Nutr. 32, p. 2115, 1979).

A. Medición del nivel de hierro

Muchos par√°metros sangu√≠neos han sido usados para medir el nivel de hierro, incluyendo: Ferritina s√©ricas (FS), saturaci√≥n de la Transferrina (ST), Hemoglobina (Hb), Hematocrito (Hc), concentraci√≥n de Hierro total (CHT), Hierro s√©rico (Fe S). Como se muestra en la Figura 1, una deficiencia de Hierro se desarrolla gradualmente, progresando a trav√©s de varias etapas, antes de que la anemia se haga evidente (45). En la primera etapa, cuando los dep√≥sitos de Hierro son adecuados, todas las mediciones son normales. En la segunda etapa, los dep√≥sitos comienzan a depletarse, y se refleja por una saturaci√≥n de la Transferrina, la Protoporfirina eritrocitaria libre (PEL), y los niveles de Hemoglobina son normales. Con la p√©rdida continua de Fe, los dep√≥sitos del mismo disminuyen y esto se refleja por la disminuci√≥n de los niveles de saturaci√≥n y esto se refleja por la disminuci√≥n de los niveles de saturaci√≥n de la Transferrina (< 16 %), y el aumento en la Protoporfirina eritrocitaria (> 100 ¬Ķg/dl), indicando la producci√≥n de gl√≥bulos rojos con insuficiente cantidad de Hierro.

En el estad√≠o final, la anemia por deficiencia de Hierro puede ser identificada por una disminuci√≥n significativa en la Hemoglobina circulante (< 12 g en mujeres adultas), junto a otras mediciones anormales. T√≠picamente, los niveles de Ferritina proveen una gu√≠a √ļtil para detectar los estadios tempranos de la deplecci√≥n de Hierro, lo que significa una reducci√≥n de los dep√≥sitos de Hierro. De acuerdo con Balaban y cols., los niveles normales de Ferritina s√©rica en mujeres atletas se hallan dentro de un rango de 20 a 140 ng/ml. No obstante, no hay acuerdo sobre qu√© valores representan una ‚Äúdeplecci√≥n‚ÄĚ. Algunos investigadores usan niveles de Ferritina s√©rica de < 12 ng/ml como l√≠mite; otros usan < 20 ng/ml. Algunos investigadores clasifican a los sujetos con bajos niveles de Hierro bas√°ndose solamente en las mediciones de Ferritina s√©rica, mientras otros usan varios par√°metros. Esto debe ser considerado cuando se revisa la literatura referida a este tema. En un estudio de O¬īToole y cols. (47), 8 triatletas (5 hombres y 3 mujeres; n =50) reportaron que ten√≠an concentraciones de Ferritina s√©rica dentro de los valores normales (21 a 81 ng/ml), pero los niveles de Hierro s√©rico y de la saturaci√≥n de la Transferrina eran anormalmente bajos, demostrando as√≠ la importancia del uso de m√°s de un criterio para determinar las concentraciones de hierro en deportistas bien entrenados. M√°s de una muestra de sangre deber√≠a ser recolectada atendiendo a las variaciones diarias de los indicadores del nivel de Hierro. Borel y cols. (48), evaluaron las variaciones diarias de la Hemoglobina, del Hematocrito, Ferritina s√©rica e Hierro s√©rico en 20 hombres y mujeres sanos. La variaci√≥n en las concentraciones de Hierro s√©rico medidas, fue similar entre hombres y mujeres, excepto para la Ferritina s√©rica, para la cual las variaciones diarias fueron mayores en las mujeres.

Hallaron que de 3 a 10 mediciones independientes eran requeridas para determinar con precisi√≥n la Ferritina s√©rica y el Hierro s√©rico, mientras que un control era suficientemente adecuado para determinar el valor de la Hemoglobina y el Hematocrito. Un estudio reciente realizado por Telford y Cunnungham (49), sugiere que los valores hematol√≥gicos de atletas altamente entrenados var√≠an de acuerdo al sexo, deporte y tama√Īo corporal. El atleta mesom√≥rfico de baja altura, se presume como candidato a tener concentraciones hematol√≥gicas en el l√≠mite superior del rango, mientras que el atleta ectom√≥rfico de alta estatura, estar√≠a en el l√≠mite inferior del rango normal. Sin embargo, no est√° claro qu√© valores representan el ‚Äúrango normal‚ÄĚ. Los atletas altamente entrenados es probable que sean gen√©ticamente diferentes de la poblaci√≥n no atl√©tica (44), por lo que los valores de referencia dados en los libros de texto, no pueden ser √ļtiles para analizar y comparar datos. Cuando comparamos estudios de atletas, deber√≠amos considerar el n√ļmero de sujetos, tipo e intensidad del deporte, y el criterio usado para medir los niveles de Hierro. Adem√°s, basar el diagn√≥stico de deficiencia de Hierro solamente al tener en cuenta los valores de Ferritina s√©rica o Hemoglobina puede ser inexacto. Para valorar completamente los niveles reales de Hierro est√° indicado usar una bater√≠a de tests.

B. Prevalencia de la deficiencia de Hierro entre mujeres deportistas

La prevalencia de la deficiencia de Hierro en deportistas mujeres ya ha sido estudiada (46, 50). Risser (50) estudi√≥ 100 deportistas femeninas intercolegiales de varios deportes, y encontr√≥ una alta prevalencia de deficiencia de Hierro (31 %), determinada por los niveles de Ferritina s√©rica (< 12 ng/ml) y la saturaci√≥n de la Transferrina (< 16 %). La deficiencia de Hierro sin anemia fue m√°s com√ļn que la anemia, s√≥lo el 7 % de las deportistas ten√≠an niveles de Hemoglobina < a 12 g/dl. Asimismo, Balaban y cols. (46), concluyeron que la deficiencia de Hierro en atletas de √©lite no es m√°s frecuente cuando las comparamos con ‚Äúno atletas‚ÄĚ, acerca del 25 %. por esta raz√≥n, la condici√≥n de deportista no parece ser un factor que contribuya a la deficiencia de Hierro. No obstante, al igual que la poblaci√≥n general, la incidencia de deficiencia de Hierro es mayor en las mujeres deportistas que en los hombres deportistas (46, 51, 52), y en aquellos que consumen dietas vegetarianas.

1. Corredoras

Las corredoras de distancia han sido identificadas como un grupo que está particularmente expuesto a un alto riesgo de deficiencia de Hierro. Nickerson y cols. (52), estudiaron a corredoras de cross country reportando que el 34 % de ellas estaban con deficiencia de Hierro, durante el período competitivo de carrera; los autores atribuyeron este efecto a la pérdida de sangre gastrointestinal y a los bajos niveles de los depósitos de Hierro previos. Otro estudio realizado en 52 corredoras de élite indicó que más del 35 % tenían disminuidos sus depósitos de Hierro (niveles de Ferritina sérica < 12 ng/ml) (15). Clement y Asmundson (51) reportaron una alta incidencia (82 %) de deficiencia de Hierro en corredoras de resistencia canadienses. Sin embargo, ellos usaron un valor de Ferritina sérica < a 25 ng/100ml, y un nivel de saturación de la Transferrina < 21 %, para clasificarlas como déficit de Hierro . Haymes y Spillman (54) compararon los niveles de Hierro en corredoras de fondo y velocistas vs. un grupo control, concluyendo que los bajos niveles de Ferritina sérica son más comunes en las corredoras de fondo que en las velocistas de distancias cortas. Los autores creen que esta diferencia puede ser atribuida a diferencias en la biodisponibilidad del Hierro ingerido con los alimentos, el cual fue significativamente mayor en las velocistas (p<0.5) que en las otras corredoras, y que el grupo control: 1.41, 0.97 y 0.96 mg/día, respectivamente.

La explicaci√≥n m√°s ampliamente aceptada para la reducci√≥n de los niveles de Hierro en atletas, es que durante los tipos de entrenamiento de resistencia, tal como los entrenamientos de distancia en carrera y en nataci√≥n, se produce una hemodiluci√≥n (55) y adaptaciones fisiol√≥gicas (56, 57). Algunos estudios han demostrado que las deportistas de resistencia o fondo tienen un volumen total de sangre relativamente mayor, comparado con las ‚Äúno atletas‚ÄĚ (55, 58, 59). Brotherhood y cols. (58), midieron el volumen sangu√≠neo y las concentraciones hematol√≥gicas de corredoras de media y larga distancia cuyo volumen de entrenamiento medio alcanzaba valores entre los 100 y 250 km/semana.

Los vol√ļmenes sangu√≠neos fueron mayores en un 20 % en las corredoras, en relaci√≥n al grupo control. Basados en numerosos estudios con resultados similares, se ha estado especulando que, en algunas atletas, una disminuci√≥n en los niveles de Hemoglobina puede resultar por incremento del volumen plasm√°tico.

2. Otros deportes

También se han evaluado los niveles de Hierro en mujeres triatlonistas, bailarinas de ballet, jugadoras de hockey sobre césped, y nadadoras (36, 47, 60, 62). Selby y Eichner (61) midieron los niveles de Hierro en nadadoras escolares durante la temporada de competencias, y reportaron que el 57 % de las nadadoras tenían niveles bajos de Ferritina sérica (< 15 ng/ml). Creen que la causa puede haber sido la dilución, ya que mostraban un incremento del volumen plasmático.

C. Factores que contribuyen a la deficiencia de Hierro

Hay un n√ļmero de factores que pueden contribuir a la deficiencia de Hierro en deportistas, incluyendo la hem√≥lisis de gl√≥bulos rojos (63, 65), incremento de la p√©rdida de Hierro a trav√©s del sudor (64, 66), y por p√©rdida de sangre gastrointestinal (52, 67, 69). En deportistas femeninas, la causa de la deficiencia de Hierro est√° m√°s probablemente relacionada con la nutrici√≥n, debido a dietas pobres en Hierro (36, 50, 51, 70, 72). Las mujeres est√°n expuestas a una gran p√©rdida potencial de Hierro como resultado de la menstruaci√≥n, el embarazo y la lactancia. La p√©rdida de Hierro por sangre menstrual es de un promedio de alrededor de 0.6 mg/d√≠a hasta niveles excesivos de p√©rdidas de 1.5 mg/d√≠a, seg√ļn algunos reportes (73).

1. Disminución en la absorción de Hierro

A diferencia de otros minerales, no hay una regulaci√≥n fisiol√≥gica del metabolismo del Hierro, a trav√©s del aumento o disminuci√≥n de su excreci√≥n. El sistema de absorci√≥n intestinal es el control primario para mantener niveles adecuados de este mineral, lo cual es en parte, influenciado por los niveles de los dep√≥sitos de Hierro individuales. Las personas que son deficientes en Hierro, generalmente absorben un mayor porcentaje de Hierro proveniente de la dieta que aqu√©llas que no presentan d√©ficit (74). Mientras que la ingesta de Hierro con la dieta se relaciona positivamente con la ingesta total de calor√≠as, la absorci√≥n de Hierro depende de la biodisponibilidad del mismo (75). El Hierro se absorbe como compuesto Hem o no Hem, y su disponibilidad desde las fuentes alimentarias var√≠a grandemente. El Hem de Hierro (proveniente de la carne, pollo y pescado) es bien absorbido (15/35 %) por el organismo, independientemente de la composici√≥n diet√©tica de una comida (76). El Hierro no Hem, que se halla primordialmente en los alimentos vegetales, no se absorbe bien (2 a 20 %). Tambi√©n , la tasa de absorci√≥n es altamente dependiente de las sustancias que aumentan o bloquean la absorci√≥n presentes en la dieta, y de la cantidad de los dep√≥sitos de Hierro preexistentes (75). La carne, el pollo y el pescado, tanto como el √°cido asc√≥rbico, incrementan la disponibilidad del Hierro no Hem (77), mientras que el t√©, el caf√©, y los granos refinados act√ļan como inhibidores (75). Las deportistas femeninas que consumen una dieta vegetariana pueden correr el riesgo de presentar una deficiencia de Hierro, dada la pobre absorci√≥n de no Hem. En corredoras que consum√≠an una dieta vegetariana modificada (< 100 gr de carnes rojas/semana), Snyder y cols. (53) reportaron que la biodisponibilidad de Hierro era significativamente m√°s baja que en corredoras que consum√≠an carnes rojas. No hab√≠a diferencias en el total de calor√≠as ingeridas, y ambos grupos consum√≠an aproximadamente 14 mg/d√≠a de Hierro en la dieta. No obstante, las deportistas que com√≠an carnes rojas consum√≠an mayor cantidad de Hierro Hem (1.2 vs. 0.2 mg/d√≠a, respectivamente), y ten√≠an m√°s altos niveles de Ferritina s√©rica que las atletas que consum√≠an una dieta vegetariana modificada (19.8 vs 7.4 mg/100 ml, respectivamente); Van Erp-Baart y cols. (12), a su vez, reportaron una influencia negativa de los h√°bitos diet√©ticos vegetarianos sobre la absorci√≥n de Hierro, en las atletas de resistencia.

2. Ingesta inadecuada de Hierro en la dieta

La ingesta inadecuada de Hierro en la dieta parece ser el factor que m√°s contribuye a la prevalencia del d√©ficit de Hierro (78). Algunos grupos de atletas femeninas, particularmente gimnastas j√≥venes, reportaron consumir menos que la recomendaci√≥n de la RDA (1989 Recommended Dietary Allowance), que es de 15 mg/d√≠a de Hierro (79). Reggiani y cols. (6), evaluaron las dietas de 26 gimnastas (edad media: 12 a√Īos) y reportaron una ingesta media de Hierro de 6,2 mg/d√≠a, con un rango entre 2.7 a 12.6. Tambi√©n se ha notado un descenso en la ingesta de Hierro en las gimnastas estudiadas por Moffat (39), Loosli y cols. (80), y Benardot y cols (81). Si estas atletas ten√≠an d√©ficit de Hierro, esto no puede ser determinado porque los datos hematol√≥gicos no fueron suministrados. En gimnastas adolescentes femeninas supervisadas por Van por Erp-Baart y cols. (12), la media de ingesta de Hierro fue de 9.9 mg/d√≠a, con un aporte de Hierro no Hem tres veces mayor que el Hierro Hem (7.6 vs. 2.3 mg). Las adolescentes est√°n generalmente m√°s expuestas al riesgo de presentar d√©ficit de Hierro, no s√≥lo por el incremento de las necesidades fisiol√≥gicas, sino porque disminuyen su ingesta cal√≥rica. Muchas mujeres j√≥venes consumen menos de 1800 kcal/d√≠a, y como resultado, limitan su ingesta diet√©tica de Hierro. De acuerdo a la encuesta suministrada por la Segunda Evaluaci√≥n Nacional de Inspecci√≥n en Salud y Nutrici√≥n (NHANES II), las mujeres entre 18 y 24 a√Īos de edad, consumen un promedio de 1687 kcal/d√≠a, y solo 10 mg de hierro (82). Estudios en mujeres adolescentes atletas, muestran medias de ingestas cal√≥ricas, en un rango de 1706 a 3572 kcal/d√≠a, con una media de 13 mg de hierro/d√≠a (4, 39, 81 , 83, 84). La RDA de 1989, concluye que en una ingesta diaria de 15 mg de Hierro/d√≠a, en una t√≠pica dieta de los EEUU, deber√≠a ser suficiente para reemplazar las p√©rdidas de Hierro en la mayor√≠a de las mujeres. Otros creen que las sugerencias de la RDA, para mujeres, son demasiado bajas. Bas√°ndonos en los c√°lculos de Hallberg y Rossander-Hulten (85), la cantidad de Hierro que necesita ser absorbida para cubrir los requerimientos en una mujer adulta que menstr√ļa es de 2.84 mg/d√≠a. Para que esta cantidad sea absorbida, a partir de una t√≠pica comida occidental, pareciera que la dieta deber√≠a contener 18,9 mg/d√≠a de Hierro; esto representar√≠a 9,4 mg de Hierro por cada 1000 kcal, para que una mujer que consume 2000 kcal/d√≠a, aproximadamente. En uno de los muchos estudios sobre atletas mujeres, el cual determin√≥ la ingesta de Hierro por cada 1000 kcal, Manore y cols. (71) reportaron un grupo de corredoras con una media de 6 mg de Hierro por cada 1000 kcal, con un rango de 4.3 a 8.8 mg/1000 kcal. Si esto se representativo, las deportistas mujeres tendr√≠an dificultades en encontrar el Hierro necesario, si la ingesta cal√≥rica es baja.

3. Entrenamiento

Hay estudios que examinan la cuesti√≥n de si el entrenarse o el no entrenarse altera los niveles de Hierro en atletas mujeres (60, 62, 70, 72, 86, 87). Diehl y cols. (60), determinaron los efectos del entrenamiento y la competici√≥n sobre los niveles de Ferritina s√©rica en estudiantes secundarias jugadoras de hockey sobre c√©sped, durante temporadas consecutivas en un per√≠odo de 3 a√Īos. Los niveles de Ferritina s√©rica disminuyeron significativamente (P< 0.5) luego de sucesivas temporadas de competici√≥n. Si bien la ingesta de Hierro diaria de las deportistas era en promedio, solamente de 10 mg/d√≠a, fue la impresi√≥n de los autores que el ‚Äúestr√©s‚ÄĚ psicol√≥gico generado por la competencia, m√°s que los factores nutricionales, menstruaci√≥n o hemodiluci√≥n, podr√≠a haber sido el factor primario de la mayor disminuci√≥n de la Ferritina s√©rica en la segunda y tercera temporada. Cooter y Mowbray (87) reportaron que un programa de 4 meses de entrenamiento no alter√≥ significativamente el Hierro s√©rico, la capacidad total de ligaz√≥n Hierro/Hb, la Hemoglobina y el porcentaje de los niveles de saturaci√≥n, en basquetbolistas femeninas. Los niveles de Ferritina s√©rica, sin embargo, no fueron reportados en este estudio. M√°s recientemente, Manore y cols. (71) estudiaron a 10 corredoras de larga distancia, por un per√≠odo de 9 semanas. M√°s del 50% de las corredoras ten√≠an una deficiencia latente de Hierro , la cual fue atribuida por los autores al incremento de las p√©rdidas de Hierro, ingestas bajas de Hierro, y bajo nivel de absorci√≥n. Estas mujeres ten√≠an un consumo medio de < 3 onzas (85 g) de carne, pescado o pollo por d√≠a, y s√≥lo el 11 al 14% del Hierro de la dieta era de rigen animal (4 al 6% de Hierro Hem). Los autores indicaron que las corredoras con m√°s millas corridas por semana, eran las corredoras que ten√≠an los niveles m√°s bajos de Ferritina, al margen de la ingesta diet√©tica de Hierro. Debe notarse, sin embargo, que Manore define la Ferritina baja como valores menores a 20 mg/ml.

D. Efectos de la deficiencia de Hierro sobre el rendimiento

Es bien conocido que la anemia por deficiencia de Hierro limita la capacidad para el esfuerzo f√≠sico en los animales de experimentaci√≥n (88) y en el hombre (89, 90). La deficiencia de Hierro sin anemia, no obstante, no parece tener un efecto significativo sobre el rendimiento. Newhouse y cols. (78), estudiaron los efectos de la deficiencia prevalente de Hierro en 40 corredoras de resistencia, durante y despu√©s de 8 semanas de suplementaci√≥n oral con Hierro (320 mg de sulfato ferroso). La suplementaci√≥n con Hierro no mejor√≥ significativamente la capacidad para el trabajo, pero s√≠ increment√≥ los niveles de Ferritina s√©rica. Los autores concluyeron que una concentraci√≥n de Ferritina s√©rica de < 20 mg/ml no afecta significativamente el rendimiento. Un resultado similar hallaron Matter y cols. (91). Otro estudio (50) examin√≥ el impacto de la deficiencia de Hierro sobre atletas femeninas intercolegiales, y tambi√©n report√≥ que la deficiencia de Hierro sin anemia tiene un peque√Īo efecto sobre el rendimiento. La √ļnica diferencia notable entre las atletas deficientes y las no deficientes en Hierro, fue que aqu√©llas con deficiencia en Hierro estaban menos satisfechas con su rendimiento, al comienzo de la temporada, que sus compa√Īeras no deficientes.

E. Suplementación con Hierro

Las investigaciones han mostrado que muchos atletas, especialmente mujeres corredoras de resistencia, consumen suplementos con Hierro (15, 92). Si la suplementaci√≥n con Hierro es de utilidad para los atletas, a√ļn es un interrogante por resolver. Deuster y cols. (15) supervisaron a corredoras de √©lite y reportaron que 27 de 51 mujeres consum√≠an suplementos nutricionales. El Hierro fue el suplemento m√°s com√ļnmente ingerido, y lo era en grandes cantidades. El Hierro en suplementos contribuy√≥ en un porcentaje mayor de la ingesta total, que el propio Hierro proveniente de los alimentos ingeridos. El 31 % de una variedad de atletas estudiados por Barr (92), tambi√©n reportaron usar suplementos con Hierro. Dado que las mujeres est√°n potencialmente expuestas a riesgo de tener una deficiencia en Hierro, debido al incremento de la p√©rdida del mismo con las menstruaciones y a una menor ingesta con la dieta, es l√≥gico que las atletas consideren rutinario el uso de suplementos con Hierro, particularmente en los per√≠odos de entrenamiento intenso (94). Los efectos de estos suplementos sobre las atletas no an√©micas han sido estudiados, hall√°ndose que no incid√≠an significativamente sobre el rendimiento (87, 95). En las atletas con deficiencia en Hierro sin anemia tampoco se notaron cambios en el rendimiento con el uso de este tipo de suplementos (78, 91, 96).

V. AMENORREA EN DEPORTISTAS

La amenorrea es la ausencia de ciclos menstruales, caracterizada por bajos niveles de estrógenos circulantes (97). Muchos factores han sido asociados con la amenorrea en atletas. Se cita frecuentemente a la baja ingesta de calorías, el entrenamiento intenso, los retrasos en la menarca, los desórdenes alimentarios, el estrés, el bajo peso corporal, y el bajo porcentaje de grasa corporal (98, 102).

A. Prevalencia

La prevalencia de la amenorrea varía entre los distintos tipos de deportes; en un estudio en 226 atletas de élite, las gimnastas tenían la mayor incidencia de amenorrea (71 %), seguidas por las remadoras de peso liviano (46%), y las corredoras pedestres (45 %) (99). La amenorrea fue definida como no más que un período menstrual en los 6 meses previos al estudio. En las bailarinas de Ballet, la incidencia reportada es de aproximadamente un 27 a un 50 % (8, 37, 99). La variancia, en parte; puedes ser explicada por el hecho de que se usaron diferentes definiciones de amenorrea para los 3 estudios.

B. Factores asociados con amenorrea

1. Bajo porcentaje de grasa corporal

La amenorrea en deportistas ha sido asociada con porcentajes bajos de grasa corporal, pero los resultados de los estudios son dif√≠ciles de comparar dadas las diferencias en los m√©todos usados para medir estos porcentajes de grasa. Datos m√°s recientes han criticado la teor√≠a de la ‚ÄúHip√≥tesis Grasa‚ÄĚ; Sanborn y cols. midieron el porcentaje de grasa corporal en corredoras de larga distancia, con menstruaciones regulares y amenorreicas, con el mismo somatotipo, usando el peso subacu√°tico, hallando que el porcentaje de grasa corporal para ambos grupos era el mismo: 17 ¬Ī 2.1 % y 17.7 ¬Ī 2.17 %, respectivamente. Kaiseraurer y cols. (100), y Marcus y cols. (102), tampoco encontraron diferencias en el porcentaje de grasa corporal entre corredoras de distancia amenorreicas y eumenorreicas. Adem√°s, muchas corredoras con bajos porcentajes de grasa corporal (< 17 %) ten√≠an ciclos menstruales regulares (102, 104). Brownell y cols. (105), sugieren que la amenorrea puede estar mediada, en parte, por la distribuci√≥n regional de grasa m√°s que por la grasa corporal total.

2. Nutrición y estrés

La nutrici√≥n y el estr√©s podr√≠an jugar un rol en la etiolog√≠a de la amenorrea (38, 98). Las atletas adolescentes que entrenan vigorosamente y consumen dietas de bajas calor√≠as, presentan amenorrea secundaria y disminuci√≥n de los niveles de estradiol (101). En un estudio de Baer y Taper (101), las corredoras amenorreicas completaban 64 km por semana, y hab√≠an estado entrenando por aproximadamente 4 a√Īos, mientras que las atletas enumernorreicas corr√≠an 32 km por semana, y s√≥lo hab√≠an estado entrenando por 2 a√Īos. Los estudios que compararon dietas de atletas eumenorreicas vs. amenorreicas indican que √©stas √ļltimas tienden a consumir menos calor√≠as (97, 100, 102, 106), y tienen muy baja ingesta de grasas (15, 97, 107, 108). Los investigadores tambi√©n han hallado una disminuci√≥n significativa en el gasto metab√≥lico basal (TMB) en este tipo de corredoras amenorreicas, y una tendencia hacia patrones bul√≠micos, tal como ingestas exageradas y consumo de purgantes (106).

3. H√°bitos vegetarianos

Una dieta vegetariana puede contribuir a cambios en es ‚Äústatus‚ÄĚ hormonal. Las vegetarianas dado que consumen grandes cantidades de fibras, tienen una gran producci√≥n fecal, y pierden dos o tres veces m√°s estr√≥genos por las heces que las mujeres con dietas omn√≠voras (109). Adicionalmente, tanto la baja ingesta de grasa, la baja grasa corporal, el bajo contenido proteico en la dieta, la baja ingesta de triptofano, y el gran consumo de fibra (lo cual es m√°s com√ļn entre mujeres vegetarianas), han sido asociados con la reducci√≥n de los niveles de prolactina y pueden ser causales de alteraci√≥n del ciclo menstrual (110). El "estado" endocrino est√° afectado m√°s severamente en mujeres que consumen dietas vegetarianas de bajas calor√≠as.

Hay una gran prevalencia de ciclos anovulatorios y niveles bajos de hormonas reproducidas en la fase l√ļtea (111, 113). Perdersen y cols. reportaron que la incidencia de menstruaciones irregulares era del 4.9% entre las mujeres no vegetarianas, comparadas con el 26.5 % de incidencia en mujeres vegetarianas. Los investigadores han tratado de determinar si la falta de carnes rojas en la dieta contribuye a la aparici√≥n de amenorrea (15, 97, 106, 107). En un estudio de los h√°bitos diet√©ticos en corredoras de √©lite, el 61 % de las atletas amenorreicas no com√≠an carnes rojas, comparado con el 43 % del grupo de las eumenorreicas (114). En otro sentido experimental, Kaiserauer y cols (100) reportaron que el 44 % de las corredoras de distancia con menstruaciones regulares com√≠a carnes rojas, comparado con el 100 % de las mujeres amenorreicas.

C. Amenorrea y salud ósea

La amenorrea no es una alteración menor en el "estado" endocrino. Está asociada con la disminución del contenido de mineral óseo en la columna lumbar (97, 107), una mayor incidencia de escoliosis entre adolescentes (115), y una mayor incidencia de fracturas por estrés (102, 104, 116). Aunque las consecuencias de la amenorrea a largo plazo, en general no se conocen, una de las consecuencias más conocidas es la osteoporosis. Períodos extensos de amenorrea sin tratamiento, pueden provocar pérdidas irreversibles de masa ósea (117).

Es importante mantener los ciclos menstruales regulares y una ingesta adecuada de Calcio para asegurarse que el hueso adulto est√© bien mineralizado (118). De acuerdo con Lloyd y cols. (119), las mujeres j√≥venes que han perdido el 50% de sus per√≠odos menstruales esperados, llegar√°n a los 20 a√Īos de edad con un pico reducido de masa √≥sea, y estar√°n as√≠ expuestas a un mayor riesgo de desarrollar una osteoporosis. Consumir una dieta inadecuada en Calcio durante la adolescencia, puede tambi√©n causar una reducci√≥n en el pico de masa √≥sea y en su densidad, corri√©ndose el riesgo de desarrollar una osteoporosis tard√≠a en la vida. Muchas atletas, particularmente aquellas que se esfuerzan por verse delgadas, tienen ingestas de Calcio menores a las √≥ptimas (36, 39, 120). Ciento diez atletas estudiadas por Grandjean y cols. (121), ten√≠an una ingesta de Calcio de alrededor de 981 ¬Ī 379 mg, que para todos los sujetos combinados representa el 92 % de la RDA. Sin embargo, en 54 atletas femeninas de 19 a√Īos de edad o mayores, el 26 % ten√≠an una ingesta de Calcio por debajo del 70 % de la RDA, mientras que el 55% de las atletas femeninas de 18 a√Īos de edad o menores, consum√≠an menos del 70 % de la RDA. Las deportistas j√≥venes deber√≠an llevar una dieta rica en Calcio, y consumir al menos el 100 % de la EDA, esto es 1200 mg/d√≠a. Aunque la eficacia de los suplementos de Calcio en la prevenci√≥n o tratamiento de la osteoporosis no ha sido probada, los suplementos de Calcio est√°n siendo usados por un creciente n√ļmero de mujeres adultas para reducir el riesgo de osteoporosis. El carbonato de Calcio es el m√°s usado porque es barato y contiene el m√°s alto porcentaje de Calcio.

Las mujeres que más fácilmente se benefician con los suplementos de Calcio, son aquellas quienes generalmente ingieren una dieta con niveles de Calcio inferiores a 400 mg/día; el citrato malato de Calcio puede ser más efectivo que los suplementos con carbonato de Calcio (122). Sin embargo, cuando se lo toma con las comidas, el carbonato de Calcio, tanto como el citrato cálcico y el fosfato cálcico, reducen la absorción de Hierro, haciendo difícil que las mujeres cumplan con los requerimientos de Hierro (123, 124).

VI. S√ćNDROME PREMENSTRUAL

El s√≠ndrome premenstrual (SPM) es de particular inter√©s para las atletas y entrenadores por los posibles efectos sobre el rendimiento atl√©tico. Dalton (125) describi√≥ el SPM como ‚Äúla recurrencia de s√≠ntomas en el periodo premenstrual con ausencia de los mismos en el postmenstrual‚ÄĚ. Las manifestaciones son variadas y el rango de severidad va desde molestias leves a incapacitantes (126). Los s√≠ntomas, que generalmente ocurren 7 a 10 d√≠as antes del comienzo de la p√©rdida menstrual, pueden ser divididos en dos categor√≠as: a) de naturaleza f√≠sica; y b) de naturaleza ps√≠quica. Entre un grupo de adolescentes estudiadas por Fisher y cols. (127), el disconfort general y la retenci√≥n de agua fueron los s√≠ntomas f√≠sicos m√°s com√ļnmente reportados, mientras que la depresi√≥n y disminuci√≥n en el desempe√Īo social, fueron los m√°s com√ļnmente referidos entre los cambios psicol√≥gicos y del comportamiento.

A. Prevalencia

La prevalencia de SPM reporta entre mujeres menstruales en los EEUU, es de un rango que va del 60 al 95 % (127, 128). La etiolog√≠a del SPM ha sido asociada con niveles excesivos de estr√≥genos (129) y una deficiencia de progesterona, en la fase l√ļtea del ciclo menstrual (130). Sin embargo, hay una falta de datos para apoyar ambas teor√≠as. Fisher y cols. (127) hallaron que las adolescentes que presentaron mayores s√≠ntomas f√≠sicos premenstruales eran mayormente de raza blanca, hab√≠an o√≠do acerca del PSM, ten√≠an dismenorrea durante sus per√≠odos, y no estaban usando, actualmente, anticonceptivos orales.

B. Efectos sobre el rendimiento

Es de gran importancia para la mujer atleta el efecto del SPM sobre el rendimiento. Brooks-Gunn y cols. (131) investigaron el efecto de la fase del ciclo sobre el rendimiento, en nadadoras adolescentes postmen√°rquicas. Los resultados muestran que los m√°s veloces tiempos para los 91 metros estilo libre, y el mejor evento en 91 metros, ocurrieron durante la fase menstrual, y los peores tiempos durante la fase premenstrual.

Una explicación posible para estos hallazgos es la retención de fluidos en el período premenstrual y la reducción del fluido menstrual Se ha sugerido que las mujeres físicamente activas tienden a sufrir menos el SPM; no obstante, hay pocos datos que apoyan esta teoría. Prior y cols. (132) condujeron un estudio controlado de 3 meses de duración que incluía a 8 mujeres que comenzaron un programa de entrenamiento físico vs. 6 mujeres sedentarias como grupo control. Las mujeres que hacían actividad física manifestaron una disminución significativa de todos los síntomas (especialmente tensión premenstrual en los senos, y menor retención de líquidos), después de 3 meses de entrenamiento gradual.

C. Tratamiento

Una gran variedad de medidas terap√©uticas han sido recomendadas para tratar el SPM, pero ninguna ha tenido una completa aceptaci√≥n. La ingesta de progesterona es el tratamiento m√°s com√ļnmente prescripto, a pesar de que hay muy pocos estudios bien controlados que demuestran su eficacia. Freeman y cols. (133), recientemente, condujeron un estudio con selecci√≥n al azar del grupo experimental y del grupo placebo, de corte horizontal doble ciego, en 168 mujeres que recib√≠an supositorios de progesterona, en dosis de 400 y 800 mg, o un supositorio placebo. Los s√≠ntomas premenstruales no fueron significativamente modificados por la progesterona, comparado con el grupo placebo control, en ninguna de las mediciones usadas en este estudio.

Tambi√©n se han usado un n√ļmero variable de modificaciones diet√©ticas en el tratamiento del SPM. Las recomendaciones diet√©ticas incluyen la restricci√≥n de Sodio y de la cafe√≠na, la disminuci√≥n del consumo de az√ļcares refinados, y el incremento del consumo de carbohidratos complejos (134). Rossignol y Bonnlander (135) hallaron que el consumo de bebidas cafeinadas se relacionaba con la prevalencia del SPM. En mujeres con s√≠ntomas m√°s severos, el efecto fue mayor por aumento de la exposici√≥n, para las consumidoras de t√© y caf√© comparadas con las consumidoras de gaseosas, dentro del rango total de consumo estudiado (0 a 8 vasos de gaseosas vs. 0 a 3 tazas de t√© o caf√©). El consumo de suplementos con Vitamina B6 es otro m√©todo popular de tratamiento usado para el SPM. Los argumentos para el uso de la Vitamina B6 se basan en el rol de esta vitamina como cofactor de varias enzimas (136) y su relaci√≥n con los niveles bajos de neurotransmisores (por ejemplo, la serotonina), y la depresi√≥n (137). Williams y cols. (138), reportaron una mejor√≠a significativa en mujeres que recib√≠an de 100 a 200 mg de Vitamina B6 diarios, comparadas con aquellas que s√≥lo recib√≠an un placebo. M√°s recientemente, Berman y cols. (139), observaron tendencias favorables en la mayor√≠a de los s√≠ntomas, con modificaciones diet√©ticas y la adici√≥n de 250 mg/d√≠a de Vitamina B6, en un grupo experimental comparado con el otro grupo de mujeres control. Sin embargo, las diferencias entre estos dos grupos no fueron significativas. Mientras la RDA para la Vitamina B6 es de 1.6 mg/d√≠a para mujeres entre 19 y 50 a√Īos (79), algunas mujeres hab√≠an estado consumiendo de 50 a 300 mg/d√≠a, a trav√©s del uso de una variedad de productos multivitam√≠nicos (140). En vista del hecho de que excesivas cantidades de Vitamina B6 pueden producir des√≥rdenes neurol√≥gicos (141), se recomienda tener cuidado y evitar el consumo excesivo.

Tambi√©n los suplementos de Magnesio han sido usados con relativo √©xito para modificar los s√≠ntomas premenstruales en quines sufren SPM. Fachinetti y cols. (142), condujeron un estudio al azar, a doble ciego, que inclu√≠a a 28 mujeres con SPM confirmado. Por dos meses se les administr√≥ Magnesio como √°cido carbox√≠lico (360 mg de Mg) vs. placebo, tres veces al d√≠a, desde el d√≠a 15 del ciclo menstrual hasta el √ļltimo d√≠a de la hemorragia menstrual. La suplementaci√≥n de Magnesio demostr√≥ ser m√°s efectiva que el placebo en el tratamiento del SPM, proveyendo as√≠ evidencias de que este nutriente podr√≠a tener beneficios farmacol√≥gicos.

VII. CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

Las atletas, sus entrenadores, y el equipo de apoyo necesitan estar informados sobre los problemas nutricionales asociados con las ingestas de bajas calorías. La reducción indiscriminada de la ingesta total, la exclusión de las más importantes categorías de alimentos, y los métodos extremos para el control de peso pueden tener efectos muy adversos sobre la salud y el rendimiento. Tanto el Hierro como el Calcio son dos nutrientes claves que pueden verse comprometidos. Las mujeres deportistas están expuestas a la deplección de Hierro/ por su baja ingesta en la dieta y/o por el incremento de las pérdidas del mismo. Deberían realizarse controles de rutina, de manera prospectiva, en las deportistas a fin de detectar tempranamente la deplección de los depósitos de Hierro; debería usarse más de un indicador para determinarla, como por ejemplo, Ferritina sérica, Hemoglobina, Hematocrito, Hierro sérico, o saturación de la Transferrina. Aquellas atletas que presenten déficit deberían recibir asesoramiento nutricional. Los suplementos con Hierro pueden ser indicados en casos individuales; no obstante, su uso rutinario por parte de todas las atletas, no está probado que rinda efectos beneficiosos, por lo que requiere futuras investigaciones. Las mujeres deportistas que entrenan vigorosamente y consumen dietas de bajas calorías están expuestas al riesgo de presentar amenorrea. Esto es típico en gimnastas, bailarinas y corredoras que mantienen su cuerpo muy delgado por causas estéticas o bien por razones atléticas. La amenorrea se asocia con la disminución de la densidad de masa ósea y la reducción de los niveles de estrógenos, los cuales son considerados factores de riesgo para la aparición de la osteoporosis. Es importante que los ciclos menstruales se mantengan regulares y se conserve una ingesta adecuada de Calcio. Si la atleta tienen antecedentes de fracturas por estrés y/o disfunción menstrual, el entrenamiento debería reducirse a los efectos de no comprometer la salud de su masa ósea.







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