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Domingo 10 de Agosto de 2003

Natación para principiantes

Hay excesos que matan






por Orlando R. Guzmán *

Se suele criticar a los padres, la falta de compromiso en el proceso educativo de sus hijos: por ende se valora especialmente cuando los adultos se involucran, ya que esto redunda en beneficio de toda la estructura educativa del niño.

Ahora bien, un aspecto importante a considerar es el caso de aquellos padres que en el plano deportivo formativo de sus hijos exigen de forma desmedida rápidos resultados deportivos. Si tenemos en cuenta que las presiones competitivas ocurren en edades muy tempranas es altamente probable que los resultados no sean en absoluto satisfactorios.

¿Qué ocurre para que estos padres estén tan pendientes del desempeño de sus hijos?. Sabido es que el deseo de los padres se anticipa al nacimiento del hijo apareciendo inclusive antes de que este sea concebido.

Antes de nacer, al ser humano ya lo est esperando toda una estructura que habla sobre los ideales que los padres tienen para con él. Se le piensa un nombre, se tienen para con él proyectos, etc. En general, los padres, desde su historia personal proyectan sus aspiraciones, sus deseos a la vida de sus hijos, pretenden triunfos, anhelan que lo que ellos mismos no han alcanzado, sea logrado por sus hijos.

Lógicamente no solo las frustraciones de los padres est n en juego, también se da el caso de aquellos padres absolutamente exitosos en su vida, que pretenden de todo lo que emprendan sus hijos. Idénticos resultados.

Los dos casos extremos antes mencionados, cuando no est n bien elaborados pueden transformarse en un hecho absolutamente negativo en cuanto al desarrollo futuro del niño, ya que el gran compromiso que el produce suele transformarse en la semilla que generar todo un argumento para la futura deserción deportiva, que generalmente coincide con la adolescencia.

La idea de un temprano ingreso a la competencia nunca es productiva.

"Hay estudios que señalan que la competencia conduce a que busquemos, fuera de nosotros mismos la evidencia de que valemos y esto debería ponernos alertas ya que no sería para nada sano que tanto niños como adultos buscáramos una valoración personal que dependiese exclusivamente de la cuantitativo ("cuanto más gano más valgo").

Por otro lado cuando nos embarcamos en proyectos semejantes dejamos de lado el aspecto lúdico creativo, la espontaneidad y la camaradería que genera el deporte cuando en esta etapa tiene la premisa de ser formativo, educativo y socializador.

Los padres deben entender que los niños al ingresar al club deben realizar su actividad de manera distendida, a través del juego y en un marco dónde la competencia tenga un adecuado tratamiento, porque de la forma en que el adulto conciba esta idea ser el resultado final.

A forma de síntesis no deberíamos olvidar que si realmente queremos que el niño alcance en el futuro un gran rendimiento, la única garantía que tenemos es que su primer contacto con el deporte haya sido satisfactorio, a modo de juego donde se haya divertido, pues si el deporte queda asociado al compromiso, la exigencia desmedida, en definitiva la súpercompetitividad; en la adolescencia (edad crítica por cierto) es un candidato al abandono y esto por más talento que posea y por más que los adultos nos rasguemos las vestiduras.

A continuación reproduzco un reporte que considero es importante tener siempre presente. Con respecto al mismo, quiero manifestar que me fue entregado por un alumno en oportunidad del dictado de un curso en el INEF, desconozco el autor y la fuente:

Algo que ningún padre debe dejar de leer:

1) Ud. no debe insistir en ser el entrenador de su hijo ni darle consejos continuamente. Este tipo de actitudes perjudican a la formación de la personalidad del chico. El entrenamiento debe realizarlo una persona idónea, éste le crea un sentido de responsabilidad al niño, lo que se refleja en el futuro.

2) Trate de no observar las prácticas de su hijo en demasía, esto crea una situación de desconfianza, hacia él y hacia el propio entrenador.

3) En el único caso en que debe aconsejar a su hijo es cuando él se lo pida, pero sin que la habilitación le dé a usted la atribución de realizar recriminaciones, muy por el contrario deben ser sus palabras de aliento.

4) No debe ser juez de la competencia que juegue su hijo, ni debe mofarse de los contrarios que lo enfrentan, tampoco debe aplaudir en forma estruendosa o hacer gestos figurativos que llamen la atención, usted debe ser un observador silencioso ante un triunfo o una derrota, inculcando una real superación entre todos los deportistas.

5) Cuando su hijo juega o participa debe hacerlo por sus propios medios y por ninguna causa Ud. debe controlar la situación, no debe conversar con los jueces, no discuta clasificaciones o tantos, ni siquiera el fixture.

6) Si el triunfo acompaña a su hijo y lo felicitan sea solamente agradecido sin aparatosidad, ni tampoco se pase a la indiferencia, muy acostumbrada en estos casos.

7) Cuando el resultado le es adverso, no pida explicaciones de ningún tipo a su hijo, no le diga tampoco lo que usted hacía en su juventud. Además tenga en cuenta que si él decide hacerlo participar de alguna falla y su comentario para repararle, nacer de él.

8) Usted tampoco debe participar, ni ser su seguidor o su custodio. Tampoco debe inscribirlo sin su previa autorización, ya que su participación debe estar siempre a su conformidad.

9) Tampoco debe arreglar partidos o carreras, ni horarios, ni nada que sea de exclusiva determinación del protagonista.

10) No magnifique él o los trofeos ganados por su hijo, tampoco dé más valor a unos que a otros, inclusive nunca incite a participar de tal o cual competencia, poniendo por medio el valor de los premios, el deporte verdadero no requiere regalías, sino el simple y amplio sabor de la satisfacción por lo realizado.

11) Usted no debe forzar a su hijo a entrenarse cada vez m s, no quiera fabricar un campeón, si quiere tener un campeón en la familia, empiece por serlo usted, como el mejor ejemplo. El es quien debe elegir su camino y si él quiere, puede. Él es el que debe.

12) En el único momento que debe intervenir cuando su hijo disputa un partido o carrera, es cuando se comporte antideportivamente o cuando ciego de nervios arroje implementos, insulte o agreda a adversarios o jueces, llamándole a la realidad y nunca consintiéndolo o buscando el motivo, aunque existiere para justificar sus desbordes.

13) Tampoco quiera transferir el deporte de su agrado o que Ud. practique, déjelo que él decida por el que le gusta, su mente y su cuerpo armonizar n mejor y si tiene condiciones naturales en la disciplina elegida podrá progresar.

14) Tampoco quiera a toda costa ser una prolongación propia en su hijo, si el sigue en su mismo deporte, si usted no llegó "lejos", no pretenda buscar el éxito con el cuerpo de su hijo y si usted brilló en sus mejores tiempos, no le exija "topes" de performances, ni similitudes y ni siquiera haga comparaciones. Deje libre de tensiones a su niño.

15) Cuando su hijo es un niño no lo trate como si lo fuera aún m s, son muchos los pequeños que se estancan en el deporte y en su personalidad por el excesivo cariño y consentimiento.

16) No se interne en alguna disciplina deportiva, en sus comisiones directivas con el propósito de "facilitar" el "ascenso" de su hijo y si su hijo abandona ese deporte por otro, sepa respetar el compromiso asumido terminando el período, el mandato o la responsabilidad asumida sin altibajos, por el contrario, demuestre el total desinterés por los "acomodos" o las ambiciones "extra-deportivas".

* Profesor Nacional de Ed. Física. Lic. en Psicología.


Fuente: www.emerger.com.ar






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